Punto de Encuentro

Responsables de la paz

Hace algunos días participamos en Huamanga en los actos celebratorios del Día Internacional de la Paz, instaurado por la Organización de las Naciones Unidas. Estuvieron representadas las instituciones públicas del departamento de Ayacucho, así como estudiantes y profesores, tanto universitarios como escolares, delegaciones de las Fuerzas Armadas, Policía Nacional, Cuerpo de Bomberos, miembros de diversas confesiones religiosas y la Federación Universal por la Paz (UPF), entre otros muchos.

La capital de Ayacucho fue escogida para la conmemoración por ser el departamento del mismo nombre, que soportó durante lustros y con estoicismo, los embates del terrorismo criminal, hoy ligado estrechamente con el narcotráfico, siendo además la circunscripción en que nacieron las obtusas ideas y acciones de Abimael Guzmán Reynoso, también llamado el camarada Gonzalo.

La paz no puede concebirse únicamente con un estado de no violencia.  La paz es mucho más que ello, tiene que entenderse de un lado como acción permanente rechazando la violencia, pero al mismo tiempo accionando para lograr o mantener la paz. Por ello es certera la expresión de Martin Luther King al expresar que “…la verdadera paz no es solamente la ausencia de tensión, sino la presencia de la Justicia”.

Como vemos no basta con un rechazo discursivo de la violencia, sino con la construcción de un estado de paz, en que se desarrolle la solidaridad y la justicia.  No puede haber paz sin ellas, ni tampoco cuando las desigualdades son ofensivas.

La paz no debe imponerse desde el Estado a la Sociedad y desde esta última a las personas.  La concepción de paz impuesta desde la cumbre, normalmente es efímera. La construcción de la paz debe venir desde la población hacia arriba, con actos concretos en el día a día, fomentando la tranquilidad pública, la equidad y la justicia retributiva.

No olvidemos que muchas veces la violencia se nutre de injusticias e inequidades, que son campos de cultivo para que florezcan movimientos subversivos que ocasionan destrucción, odio y muerte, aunque con la mentirosa careta de cambio social.

Es penoso ver en el mundo en que nos ha tocado vivir, como han resurgido enfrentamientos de origen religioso, que atentan contra la tolerancia propiciada desde la ONU. También observamos los estragos causados por el terrorismo internacional y los terrorismos focalizados, a lo que se suman peligros latentes y provocaciones originadas en Corea del Norte, así como respuestas altaneras y desatinadas del Presidente del aún más poderoso país del universo.

La violencia contra la que hay que luchar no se circunscribe a la internacional y a las del ámbito focalizado.  Para alcanzar la paz tenemos todos que poner nuestro grano de arena, día a día, comportándonos con ética, rechazando la corrupción, respetando las reglas de conducta y las disposiciones legales, promoviendo la justicia, especialmente la retributiva, y sin olvidar que el ser humano debe ser solidario.

Es bueno recordar la máxima de Albert Einstein: “el mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad”

 

NOTICIAS MAS LEIDAS