Punto de Encuentro

¿Y si fuese “Casillero del Diablo”?

En anterior artículo, relacionado con etiquetado de productos y las exageradas disposiciones sobre sus envases, presentaciones, publicidad y signos distintivos, preparé un artículo con cierto humor, como consecuencia de un aviso que leí en una revista para viajeros de línea aérea.

El aviso publicitario era de un vino chileno, cuya marca es “Toro de Piedra”, nombre que me permitió hacer algunas disquisiciones con ánimo festivo y socarrón, pero sin voluntad negativa, respecto a la sobre regulación existente en el Perú.

Cuando mi hija Inés leyó el artículo me preguntó ¿qué hubieras escrito si se trataba del vino “Casillero del Diablo”?, y allí dejamos suelta la imaginación, la que nos llevó a considerar que los funcionarios públicos tenían que autorizar la importación del producto, inspeccionarlo en Aduana, verificar el cumplimiento de las reglas del etiquetado, certificar sus componentes mencionados en las leyendas expuestas en los envases, y en fin, cuantas cosas se les ocurre a quienes deberían brindar facilidades a los administrados y contribuyentes, pero se esmeran en hacernos la vida imposible.

Nos imaginamos el grito que daría la funcionaria que viera el nombre de “Casillero del Diablo” en las etiquetas, envases y empaques. El grito podría ser ¡cuidado con los demonios! Y en su fuero interno, exigiría inspeccionar que las botellas estén bien tapadas, para que no se vayan a salir Satanás, Lucifer, Belcebú, Husbel, Barba y demás personajes diabólicos.

La compañera de la funcionaria en las tareas aduaneras (si, todo lo hacen grupal, pues sobra personal que crece en cada gobierno) probablemente explotó y con voz desgarradora imploraría la presencia del Cardenal Cipriani, pues para el exorcismo consideró que nadie más caracterizado que él, en la religiosidad nacional, para tarea tan prolija.

Al ratito llegaría el sub-jefe de la Sección correspondiente de la Aduana de Tacna y a grito pelado reclamaría también la presencia de Monseñor Bambarén, aduciendo que no se pierde una y que va a todos lados. Empero, ya el funcionario superior reclamaría la presencia del Presidente de la Conferencia Episcopal monseñor Piñeiro, a lo cual se opondría otro funcionario alegando que estaba en Ayacucho.

Como en el Perú todos estamos acostumbrados a meter nuestra cuchara y ser peor que perejil de toda sopa, reclamarían la presencia del Obispo de Tacna, pero estaba en un matrimonio comunitario en Candarave. Entonces alguien más avispado dijo: que venga el Obispo de Arequipa, pero experimentadas damas gritarían NO, NO, NO, pues quizás abriría la botella para junto a Oscar Urviola hacer el brindis por la paz. Otro prefirió al Padre Gaspar, pero estaba en la TV, hasta que una dama de buena presencia clamó la intervención de Rafael Rey.

Enterado el Jefe de SUNAT de todo esto y con más experiencia, llamó a la principal autoridad de la distribuidora local del vino, y llegaría Juan Alberto Wu Luy, desde siempre Presidente de la Empresa, quien diría: no abran ninguna botella mientras no la paguen.

En fin, solo es ficción.

 

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